¿Cómo manejas los reclamos e inquietudes de los colaboradores?, ¿y los de tus jefes?

 

Una pregunta compleja de la que se debe tener cuidado porque no se puede priorizar ya que depende del modelo de negocio y la estructura. Debemos considerar que existen organizaciones de orden vertical donde las jerarquías son las principales e importantes, como también las de orden horizontal, donde la cultura es colaborativa y plana.

 

Debe considerarse el tamaño de la empresa, el número de jerarquías y la estructura de trabajo. Empresas grandes normalmente tienen un orden vertical, y empresas pequeñas o de alto grado de tecnología normalmente tienen estructuras horizontales. Entonces se debe entender que priorizar no ayuda a la neutralidad para dar una respuesta adecuada.

 

Lo ideal es siempre considerar al grupo mayor y luego al reporte directo para dejar claro que uno es parte de un todo. La respuesta ideal que se sugiere es la siguiente:

 

“Con los colaboradores los escucho atentamente, busco un acuerdo y se toma una decisión. Si existe un patrón común, busco un acuerdo común y una solución para todos. Si necesito consultar con recursos humanos o con la gerencia, lo haré, pero llego a un acuerdo común, se toma una decisión y se les atiende en lo razonable.

 

En cambio con los jefes, yo siempre los involucro. Planifico las actividades, contingencias y escenarios de imprevistos, de tal forma que de presentarse un reclamo o inquietud por decisiones o resultados obtenidos, yo de inmediato voy con mis jefes y en equipo buscamos una solución de acuerdo a lo planificado. Eso es lo que yo haría."

 

La idea es mostrar que uno tiene la capacidad de lidiar con los colaboradores cuyos reclamos e inquietudes pueden partir desde la falta de un lapicero en sus escritorios como alguna injusticia laboral que al final se puede negociar de inmediato, pero cuyo riesgo es tener un efecto cadena que tiene mayor impacto.

 

Referente a los jefes es el involucrarlos y tenerlos presentes porque en diferentes culturas u organizaciones los jefes tienen el síndrome de Poncio Pilatos, es decir que se “lavan las manos” ante cualquier escenario de responsabilidad y eso perjudica de sobre manera la credibilidad y visibilidad de uno ante la organización, y genera mayor estrés. El involucrarlos obliga a que las personas se unan para dar solución a cualquier escenario.

 

Tómese en cuenta la estructura, debemos empezar siempre con el grupo grande pero no priorizar, es decir, no decir “Obviamente primero mis jefes” porque solo delata la predisposición de uno a sus prioridades e intereses, y lo peor que puede ocurrir es tomar posiciones ante partes. Lo ideal en todos los casos es tener un enfoque colaborativo e integrativo, ya que si bien es lo más saludable en un ambiente laboral, también es una tendencia que ayuda a las organizaciones a ser más eficientes para el cumplimiento de objetivos comunes y no individuales.

 

Dar buenos indicadores de comportamiento ayuda a mejorar el proceso de venta del perfil de uno ante los reclutadores.

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